No es de extrañar que el pequeño Bach haya mostrado un gusto por la música desde la infancia. Sin embargo, aparte de haber aprendido a tocar el violín de su padre, sus estudios no habían avanzado mucho, cuando inesperadamente, a la edad de diez años perdió a ambos padres y fue a vivir con su hermano Christoph, catorce años mayor que él, un respetado músico y organista de una ciudad vecina.
Lo que su hermano Chrispoth esperaba de él no era mucho, pensaba darle algunas lecciones de teclado,
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y mandarlo al liceo a estudiar latín, canto y otras materias. Parecía no comprender la genialidad de su pequeño hermano, o si lo hizo, reprimió al niño con indiferencia y dureza. El pequeño Johann sufrió en silencio esta frialdad. Afortunadamente la fuerza de su genialidad era demasiado fuerte para ser derrotada. Sabía de memoria todas las piezas que le daba su hermano en las lecciones, y buscaba desfíos más grandes. |