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Académico - Ciencias aplicadas e interdisciplinarias | 2017-03-06

El mito de que las mujeres investigadoras le fallan a la ciencia

BID | Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, es importante desmitificar la creencia de que las mujeres investigadoras le “fallan” a la ciencia en el sentido que tienen menos rendimiento que sus colegas hombres.

La realidad, basada en resultados de investigaciones propias, nos dice otra cosa: las mujeres científicas son más productivas que los hombres, y eso a pesar de la existencia de grandes desigualdades de género, amplias barreras al desarrollo académico y de una errónea percepción sobre la calidad de sus productos científicos.

Entonces, ¿las mujeres le fallan a la ciencia o es la ciencia que le está fallando a las mujeres?

Aunque son ampliamente percibidas como menos productivas y son menos recompensadas por sus logros científicos, las mujeres que realizan investigación científica muestran una mayor productividad que sus colegas varones. Este es uno de los principales resultados del estudio de mi equipo de investigación sobre brechas de productividad de género en la investigación científica en México, el cual forma parte del proyecto “Costos económicos de las brechas de género en la investigación en ciencia, tecnología e innovación en América Latina y el Caribe”, financiado por el BID.

La productividad científica representa lo que produce un investigador y se puede medir de diversas maneras tales como la cantidad de publicaciones revisadas por pares, las citaciones a estas publicaciones, el número de patentes registradas y tecnologías transferidas, así como la calificación de la revisión por pares y otros indicadores cualitativos.

Una pregunta que ha sido ampliamente investigada en la literatura y en la cual nos centramos en el estudio es ¿por qué las mujeres en la ciencia son menos productivas que los hombres, casi en todas las disciplinas académicas y sin importar la medida de productividad utilizada? Este fenómeno se conoce como el “rompecabezas de la productividad científica” y aunque se ha documentado su existencia, pocos se han enfocado en evaluar las razones que lo explican.

Dos modelos para entender las brechas

Algunos autores sugieren dos tipos de causas de la menor productividad de las mujeres: las explicadas por el modelo de diferencias y las explicadas por el modelo de déficit. El modelo de diferencias establece que las mujeres actuan de manera diferente a los hombres, simplemente porque son diferentes a ellos, en particular en lo relacionado a la motivación y al compromiso con la carrera científica. Estas diferencias pueden ser en parte innatas y en parte sociales y culturales. Estudios sociológicos recientes descartan el argumento de las diferencias innatas (¡junto a millones de mujeres y feministas en el mundo, donde me incluyo!), señalando que las diferencias existentes son el resultado del clima social y cultural que influencian en la elección del campo de educación y en la asignación de tiempo (limitado) entre el trabajo y la atención al hogar y la familia, afectando indirectamente su carrera profesional.

En contraste, el modelo de déficit establece que son las barreras externas y no las razones intrínsecas las que impiden a las mujeres tener el mismo rendimiento que los hombres en la ciencia. Se argumenta que, si bien las mujeres tienen las mismas metas y aspiraciones que los hombres, se les trata de manera diferente. Su menor rendimiento se debe principalmente a menores oportunidades ofrecidas, mayores obstáculos enfrentados a lo largo de la carrera científica, mayores dificultades para recaudar fondos para investigación y mayores dificultades para colaborar con otros investigadores. Estos obstáculos impiden que las mujeres tengan la misma trayectoria profesional que los hombres, lo que tiene efectos directos e indirectos sobre su productividad.

Estos modelos no son mutuamente excluyentes y no deben considerarse de forma aislada, o pensar que proporcionan explicaciones alternativas o contradictorias. De hecho, ambos son relevantes y coexisten.

En el estudio realizado en México el objetivo fue diseñar y aplicar un modelo econométrico que nos permitiera entender las causas de las brechas, incluyendo variables explicativas tanto del modelo de diferencia como del de déficit. Por eso, adoptamos el modelo econométrico del profesor Jacques Mairesse, uno de los coautores del estudio para el BID, introduciendo correcciones relativas a la promoción de los investigadores y a la selectividad. También incluimos varias simulaciones para entender los costos económicos de las brechas de género para el sistema académico mexicano.

¿Quién le falla a quién?

Nuestros resultados demuestran que, una vez introducidas estas correcciones, el “rompecabezas de la productividad” no se da en el caso mexicano. En términos absolutos, antes de introducir nuestras correcciones, encontramos una brecha de productividad a favor de los hombres de 10% a 21%. Sin embargo, una vez que ponderamos por la calidad de las publicaciones (medido por el factor de impacto de las revistas especializadas donde publican), encontramos que las mujeres producen investigación científica de mayor calidad, a menudo publicando en revistas académicas de mayor prestigio y con mayor impacto a largo plazo. Además, a pesar de la creencia común de que la maternidad las hace menos productivas en periodos clave de la carrera académica, las mujeres investigadoras sólo tienen entre 5 a 6% más años no productivos que los hombres, diferencia que cae al 1% para los investigadores más experimentados.

Sin embargo, en las universidades y centros de investigación que fueron parte del estudio, las mujeres investigadoras enfrentan considerables obstáculos al éxito profesional. En los centros públicos de investigación de nuestra muestra, las mujeres son un 35% menos propensas a ser promovidas. Las académicas de universidades públicas están ligeramente mejor, con un 22% menos de posibilidades de ser ascendidas que los hombres. En general, casi 9 de cada 10 mujeres académicas de nuestra muestra nunca fueron promovidas a rangos superiores en el periodo estudiado (2002-2013).

Nuestros resultados sugieren que, si México eliminara la desigualdad de género en la promoción a altos grados académicos, el sistema académico nacional se vería beneficiado con un incremento en la productividad científica (número de artículos publicados en revistas especializadas con revisión por pares) de entre un 17% y un 20%.

México no está solo. Aunque los estudios sobre las brechas de productividad de género en América Latina son escasos, para el caso de Uruguay (también parte del proyecto de investigación del BID) también se encontró evidencia de la existencia de un “techo de cristal” para las mujeres en la ciencia. En este caso se observa que las mujeres están menos representadas en los grados académicos más altos y tienen una probabilidad 7% menor que los hombres a ser promovidas a niveles académicos superiores.

Hoy más que nunca, hay que tomar medidas para garantizar que las mujeres investigadoras sean tratadas de manera justa, reconocidas por su trabajo y promovidas cuando se lo hayan ganado. No permitamos que la ciencia le falle a las mujeres, porque ellas no le están fallando.

Resultados de la investigación financiada por el BID también fueron publicados por la autora en inglés en el portal The Conversation.

 

autrora: 

Lorena Rivera León es una economista belga-mexicana con 10 años de experiencia como investigadora y consultora en temas de política de investigación e innovación. Actualmente realiza su doctorado en la Universidad de las Naciones Unidas y la Universidad de Maastricht (UNU-MERIT). Posee una maestría en economía en conjunto por la Universidad de Columbia Británica (Canadá) y la Universidad Pierre-Mendès (Francia). Sus intereses se refieren al estudio de la economía de la ciencia en los países de ingreso mediano y está particularmente interesada en entender los determinantes de las brechas de productividad de género en la ciencia. Como consultora, forma parte del equipo de investigación del BID para comprender los costos económicos de las brechas de género en América Latina y el Caribe en materia de ciencia, tecnología e innovación. Además, se desempeñó como consultora para organizaciones internacionales como la UNESCO, la OCDE, ONUDI y la Unión Europea. Entre 2010 y 2014, Lorena fue la experta para México en ERAWATCH International, el observatorio de políticas de ciencia y tecnología de la Comisión Europea.


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