ISSN 19006241
Jueves 17 de Abril de 2014

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Planeación de la producción :: Ejemplo de Vida

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Planeación de la producción - Edición septiembre de 2010 - Virtual Pro
Yolanda Izquierdo Berrio

Condena por la muerte violenta de Yolanda Izquierdo Berrío (HCHR, 2007)

"...La señora Izquierdo Berrío representaba a un nutrido grupo de personas desplazadas que reclaman la devolución de tierras usurpadas por los paramilitares de las AUC en el departamento de Córdoba. Unos días antes de la ocurrencia de este crimen, la señora Izquierdo Berrío había informado a las autoridades regionales competentes sobre amenazas en contra de su integridad personal..."
Representante de las víctimas del desplazamiento,
asesinada después de asistir a declaración del paramilitar Salvatore Mancuso, enero 31 2007

Seguro mató a confianza (CINEP, 2007)

...Al segar la vida de esta representante popular de 700 familias y madre de 5 hijos, los paramilitares expresan sin equívocos que van por la tierra y que, además, no sienten ni temor ni vergüenza. Mucho menos compasión.

Yolanda creyó en la ley de Justicia y Paz, primer error que le costó su tierra. Después confió en la Seguridad Democrática y eso le costó la vida. La confianza en la justicia colombiana mató a Yolanda como mató, en el 2004, a Alfredo Correa d’Ándreis. Ambos creyeron que en Colombia se puede denunciar impunemente el robo para-político a los pobres: Alfredo y Yolanda defendieron a los desplazados. Ella en Córdoba pretendió recuperar sus tierras, él en Atlántico quiso prevenir la desviación de fondos humanitarios para ellos. Ambos fueron muertos por contrariar intereses ilegítimos conocidos y permitidos, cuando no impulsados, desde arriba. Eso se sabía desde tiempo atrás pero solamente ahora aparece en los medios de comunicación.

Por esa razón, el rasgarse las vestiduras de los funcionarios civiles y militares del gobierno frente a la renuencia de las víctimas a testificar en juicio es más que todo un sofisma de distracción mientras se escamotean las pruebas y se permite escapar a los culpables. Las víctimas no denuncian ni testifican para oponerse al gobierno sino por físico miedo. Llama poderosamente la atención que proliferen los detalles periodísticos sobre las circunstancias de aquellos crímenes, mientras que las investigaciones adelantadas por los encargados de la justicia muy rara vez encuentran indicios o pruebas que permitan combatir la impunidad. Y en cambio las represalias de los criminales siguen impunes alimentando las dudas. Hay que quebrarle el cuello a ese monstruo social...

¿Si denuncio... sobrevivo? (CINEP, 2007)

...Yolanda había pedido protección al Departamento Administrativo de Seguridad, a la Defensoría del Pueblo…Carmen acudió a la Comisión Nacional de Reparación… para saber si tendrían la protección después de denunciar las violaciones de los paramilitares a los derechos humanos. No tuvieron tiempo ni para recuperar las tierras de setecientas familias, la una, ni para denunciar los asesinatos de sindicalistas la otra. Esa batalla de larga duración la quiere convertir, la alta dirigencia colombiana, en una guerra de palabras, siguiendo la consabida estrategia de lanzar humo sobre los hechos hasta que la “opinión pública” se intoxique con el pan y los juegos y olvide que de lo que se trata es de arrancar a los pobres de sus tierras. Es una versión muy a la colombiana de lograr los Objetivos del Milenio y de erradicar la pobreza, eliminando a los pobres.

El diálogo entre la representante de la CNRR y la que fuera dirigente sindical (hasta que tuvo que huir) en las bananeras de Urabá, es patético. La conclusión que saca el lector es que la impunidad es una bestia grande y pisa fuerte: el campesino colombiano pobre no solamente está expuesto a ser despojado en cualquier momento de lo poco que posee, sino que además tiene que soportar el oprobio de no tener a quien quejarse si no quiere arriesgar su vida. Y todavía hay quienes intentan satanizar la defensa de los derechos humanos en Colombia.

Dicha impunidad tiene un doble vínculo con la pobreza: depende de los pobres que no pueden denunciarla y se convierten en sus clientes por las buenas o por las malas, y al mismo tiempo acaba con los pobres, porque los explota sin límite o los mata cuando intentan ponerle límite a la explotación. El círculo vicioso de las relaciones sociales colombianas consiste pues en ese manejo criminal de la pobreza. Criminalidad que tiene dos modalidades: el soborno y la intimidación. Ambos son la materia prima de las relaciones clientelistas a las que ha sido muy adicta la politiquería colombiana.

En ese sentido, la reforma política sí es una prioridad porque solamente con la representatividad verdadera podrá convertirse en virtuoso el temible círculo de la corrupción-impunidad. Pero esa reforma no depende solo de los políticos, como la de la justicia tampoco depende tan solo de los jueces. Las formas no sustituyen el espíritu de las leyes que consiste en aceptar que también los demás tienen derechos.

Yolanda y Carmen tuvieron el valor de apelar a las instituciones en lugar de intentar derribarlas, pero las encontraron bastante deterioradas. Creían tener derechos, pero los hechos se los negaron de manera tajante. Tenemos, con todo, necesidad de miles y aun millones de Yolandas y de Cármenes que refuercen, con su esperanza, esas instituciones para que, al menos, le sirvan a otros colombianos. Y confiamos en que su número logre conjurar la politiquería e implantar el círculo virtuoso de la justicia y la equidad...

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